jueves, 24 de noviembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
LA MENTE DE UN CORRUPTO: Analísis.
Nos interesa a todos los colombianos. Vean esto. http://bit.ly/vbkDFG
lunes, 24 de octubre de 2011
EL PROCURADOR CON SOTANA
¿Por qué no se metió a cura?
Todos los seres humanos, querámoslo o no, nos tenemos que someter en nuestras vidas a unas reglas de comportamiento. Pero eso sí, tenemos la libertad para decidir cuales se ajustan más a lo que somos o a lo que queremos ser. Nada es gratis en esta vida, y siempre habrá que hacer sacrificios en aras de ganar tranquilidad, reconocimiento o de alcanzar los objetivos que queremos. La expresión gringa: “you can’t have your cake and eat it too”, es sabia aunque difícil de traducir literalmente. Es decir, tenerlo todo es imposible y por eso, si se quiere trascurrir por este mundo con relativa tranquilidad, es fundamental tener claras nuestras prioridades. Sin duda, eso es más fácil decirlo que hacerlo, pero en fin, como principio, no está mal.
Así como no es aceptable que un sacerdote católico, ejerciendo como tal, quiebre su celibato, tampoco es aceptable que alguien que representa a un Estado laico por mandato de la Constitución Nacional, ejerza como cura católico y además, como el más ortodoxo del mundo. En un editorial reciente, el periódico El Espectador lo puso muy claro: “no se puede legislar con sotana”, y aunque se refería a la situación de la Iglesia tratando de influir en el Congreso sobre la propuesta de negación de los tres casos de abortos legales, también es aplicable al caso del Procurador General de la Nación. Con una frecuencia inusitada, sobre todo si son las mujeres las que están de por medio, el Procurador parece que llevara la sotana.
Su catolicismo, muy respetable, pero de tal religiosidad, está llegando a extremos inaceptables en un país no definido como confesional. Es realmente un irrespeto que le quiera imponer sus creencias a todo el país, con millones de colombianos, ignorando la libertad de cultos, los derechos de los ciudadanos, y sobre todo los de las mujeres. Y lo peor, es que una manada de políticos oportunistas, que quieren limpiar sus hojas de vida, lo sigan en la locura de ajustar la Constitución Nacional a lo que Procurador quiere, con el fin de ellos presentar esas ideas como sus más puras convicciones.
Cuando por fortuna para el país, se cayó el tristemente célebre proyecto de ley que constitucionalmente acababa con el aborto, en los tres casos específicos definidos por la Corte Constitucional, es hora de abrir este debate:¿pueden funcionarios del Estado imponer sus creencias, en este caso religiosas, abusando del poder que ostentan y que obedece al cargo que ejercen? Y cabe una pregunta respetuosa señor Procurador: ¿son sus convicciones legítimas, es usted un católico ejemplar? Si lo es, ¿por qué no se metió a cura más bien? No tendría la familia ejemplar que tiene, ese habría sido su sacrificio, pero seguro que viviría más tranquilo, usted y nosotras. Eso de cargar con los pecados de millones de colombianos y sobre todo de colombianas, debe ser muy tenaz, más cuando se tiene hijas.
Pagaría hoy por ver a esos liberales y a esos izquierdistas que por pura conveniencia personal, o susto, aprobaron el nombre del doctor Ordoñez para que ocupara la Procuraduría General de la Nación. Por lo menos los godos, que se supone son tan católicos, tienen explicaciones que podrían ser coherentes, ¿pero ustedes? los llamados progresistas de esta sociedad, ¿qué disculpa pueden presentar distinta a cuidarse la espalda? Las mujeres, que somos las más afectadas por esta Procuraduría, les estamos muy agradecidas, muy agradecidas, muy agradecidas…
sábado, 22 de octubre de 2011
jueves, 20 de octubre de 2011
EL HOTEL "7 ESTRELLAS"
Prostituir la Sierra
Por: Catalina Ruiz-Navarro
Los mamos Kogui pasan los primeros 18 años de sus vidas encerrados en el útero oscuro de la Sierra, entendiendo porqué son los guardianes del mundo, un mundo maravilloso por el que vale la pena recluirse. Esto cuenta Wade Davies, antropólogo canadiense.
Dice también que a sus 18 el mamo ve por primera vez, acaso el amanecer más hermoso del mundo: las bahías, los verdes palpitando de vida que se esconde en y tras las hojas, la brisa fría de la sierra, el limpio olor a mar, y el sol que va perfilando una a una cada superficie hasta que todo tiene color. Y entonces entiende que todo lo que aprendió en abstracto es cierto, que este es un mundo que vale la pena cuidar.
En Colombia estamos acostumbrados a que las reservas naturales se vendan al mejor postor. Creemos que lo público está al servicio de lo privado, sector que para el santismo es el motor de todo y por lo tanto hay que facilitarle el camino para explotar nuestros recursos y tenerlo contento, como un gordo camisiabierto que entre todos abanicamos en la playa.
Sabemos que el hotel 7 estrellas que piensan construir le hará daño al Parque, que sus beneficios (¿empleo como meseros a los indígenas y lugareños? ¿Nuevas recetas de cocina de autor? ¿Un lugar donde tener contentos a inversionistas internacionales para que compren más parques naturales y los exploten?) no compensan perder la riqueza natural y cultural del Tayrona, el etnocidio latente, el ultraje al patrimonio natural de todos, menos todavía cuando los beneficiarios no seremos todos, sino unos cuantos: los mismos de siempre. Sabemos que las empresas involucradas tienen un historial de daños ambientales y sabemos que por más incierta que sea la existencia de las comunidades indígenas para el Ministerio del Interior, están ahí, viven ahí, los hemos visto y si no, que digan de dónde salen las mochilas Arhuacas que tan bien se venden en Salvarte.
Para defender el Parque no se necesitan filiaciones políticas. Todos los que hemos visto un amanecer en el Tayrona compartimos un momento de revelación con los mamos. Todos los colombianos que hemos ido al parque tenemos un recuerdo increíble; yo, por ejemplo, aprendí a contar hasta diez camino a Arrecife. Esta conexión emocional la compartimos colombianos de todos los rincones, del pacífico, de las montañas, de los llanos y hasta de Pasto.
Que la posibilidad de perder el Tayrona nos haga tomar conciencia de que un Parque Nacional, Reserva Natural, es público, es decir de todos, parte de nuestra identidad, y por eso es nuestra responsabilidad defenderlo. La construcción de un hotel en Tayrona no nos conviene a porque vulnera nuestro patrimonio natural, cultural e identitario y porque ni siquiera veremos sus beneficios económicos. Hay que empezar a proteger en serio nuestro patrimonio y no dejarnos meter los dedos en la boca otra vez con un proyecto inmediatista y sin visión. Un lugar tan importante para todos debe y puede llamar a la suficiente resistencia civil para que el proyecto no se materialice. Es hora de que el gobierno y el sector privado sepan que no por Madre, la Sierra es puta.
moderna:
LAS BELLEZAS DEL T.L.C.
TLC con USA: ¡Que viva la guerra!
por GODOFREDO CÍNICO CASPA
Soberanía: concepto delirante marxista-leninista en virtud del cual se pretende detener el benéfico proceso de dependencia de los pueblos inferiores frente a los poderes del los grandes países capitalistas y, de este modo, frenar el progreso de las gentes de bien que han sido gerentes de esta Encomienda.
Sí, señores. Comienzo con esta definición porque me refiero evidentemente a la aprobación del Tratado de Libre Comercio por parte de nuestros naturales amos del Norte, que con ello nos garantizan que la indiada mal nutrida pueda de ahora en adelante atragantarse de alas de pollo Made in USA, repletas de antibióticos, hormonas y cortisonas, para que de una vez se le cure al pueblo solapado y mentiroso la sarna, la falta de hombría y el coto.
El TLC ofrece un montón de ventajas para Colombia y, desde luego, también para los estadounidenses. ¿O es que vamos a seguir en la pendejada anti capitalista y anti globalizada de que las cosas nos salgan gratis, como por ejemplo la certificación de la lucha contra las drogas? Pero sin entrar en el detalle y la minucia de todo lo que podremos importar (desde corta uñas hasta las tan necesarias motosierras que uno no sabe cuando hay que volverlas a sacar) el primer y primordial impacto positivo es la definitiva y total destrucción del campo colombiano y del subversivo campesinado, labor que iniciara César Gaviria hace dos décadas con su apertura, que fue un TLC con el mundo entero que legalizó esa linda y atávica costumbre nuestra del contrabando, buen hábito que tantas divisas nos ha dado, desde la quina hasta la cocaína, pasando por la marimba y el tabaco.
Y les parecerá rara la conveniencia de la destrucción económica del campo… Dejémonos de hipocresías… carajo. Si en Colombia el gran motor de la economía es la guerra, con o sin cocaína, verdadera locomotora, no como las de Santos. Esta espléndida guerra estable que esperamos que nunca se acabe, que nos quedemos para siempre en el fin del fin. Con la llegada de millones de productos alimenticios bien hechos, bien empacados y vendidos, poco a poco los campesinos irán hacia la miseria total, lo cual nos garantiza de manera precisa que la guerra crezca, que se armen nuevos grupos, que las Fuerzas Armadas cuesten más, que nos toque fundar mas Bacrimes, que se dé más oferta y demanda de armas, más droga para exportar, en fin, que el enorme desarrollo económico relacionado con la economía de guerra se fortalezca, y que los campesinos menesterosos que ya no tendrán qué cultivar, se dediquen a hacer parte de los grupos ilegales y del ejército, grandes empleadores de recambio. Sí, señores, ¡que viva la guerra! Y que este bendito TLC con el gran país de los sajones acabe de una vez con paperos y plataneros y demás especies en vías de extinción.
Al fin nos podremos dedicar a lo nuestro, es decir a ver cómo desarrollamos y cualificamos la violencia no solo para defender nuestras prebendas ganadas gracias a la supremacía blanca, sino como…jeje… disparador de los negocios, pues comida no faltará. Ya me veo, por ejemplo, comiendo lindas arepas de maíz transgénico, guayabas de poliuretano, arroz de velcro, papas chorriadas con chicles, empanadas de cuerno de alce entre otras delicias que se nos ofrecerán para sentarnos a los manteles de –ahora sí– la modernidad que conserva a los que estamos elegidos por Dios y por Fernando Londoño, como grandes sustentadores de la patria, por lo cual recibimos los pingües beneficios de nuestras empresas y negocios.
Lo único que debe quedar en el campo (doctor Lafaurie, hombre de bien que nunca ha tenido que ver con nada, no le seré infiel a mi juramento de apoyo a su lindo gremio) son vacas. Millones de vacas de tal modo que acabada la industria que sólo ofrece problemas con la disoluta clase obrera y la agricultura madre de guerrilleros y nada más, tengamos algo para exportar, además del famoso clorhidrato que tanta platica ha repartido en todos los niveles, desde el pati al suelo raspachín, hasta mis amigos que giran siempre en U a la derecha. Porque lo del TLC parece que es de doble vía, como el “affaire” de Yidis con mi amigo el casto Sabas Pretelt. A propósito, dejemos esa y esas otras vainas calladitas, hasta que se disuelvan en los recovecos del Alzheimer nacional.
Eso sí, que se produzca generosa leche, queso y cuero, para que en los Estados Unidos, donde hacen delicias, nos la devuelvan como queso de Filadelfia, crema de Florida, yogurt californiano o mantequilla de Boston. Y zapatos y botas, y sillas de montar o de montarla para que mi Presidente Uribe pueda tomarse su tintillo mientras arrea desde su varonil corcel las ideas que han hecho posible ser lo que somos: aviones, maliciosos, avivatos, para que todo valga, porque las cosas tienen un precio, pero que las paguen los de abajo que para eso están en la base sustentando la pirámide social y sometidos para que no se descuaderne esta vaina llamada democracia.
Ah, queda la vaina del café. Pero ¿quién ha dicho que las vacas no pueden estar en las montañas? Una vaca y una mata de coca, linda simbiosis, armoniosa realidad que ya venimos construyendo en buena parte de los territorios que le arrebatamos a los dizque desplazados, que en realidad son invasores, indios y campesinos mañosos.
El TLC nos permitirá que esas materias primas chimbas que producimos, se nos regresen un tris caras pero no tanto, en forma de sofisticados productos y delicias varias del mundo del Norte.
Que nuestra economía se sustente en el comercio, las importaciones y en exportar lo de las vacas y petróleo y minerales, y desde luego que todo ello desarrolle, no a la sociedad y al pueblo que debe continuar ofreciendo su fuerza laboral sin chistar, sino a nuestros ya grandes capitales para que crezcan y cada vez la platica quede en más pocas manos, porque la indiada –ya lo he dicho– se la gasta en agria. Y que los grandes empresarios, en exquisito tándem con los bancos y la bullonista especulación financiera, hagan de esta patria una máquina de hacer plata y de moler pobres.
Además, estamos pagando las culpas por habernos separado en mala hora de España y justamente meternos en el embeleco ese de la soberanía. A mí siempre me ha encantado ese olor exquisito a Colonia que yace en el fondo de los escaparates de nuestra nacionalidad. Ser vasallos de los gloriosos Estados Unidos es un honor y aún si me tratan de Perogrullo, es un honor que cuesta, de tal modo que lo del TLC nos viene a salir es barato.
Siento que hemos avanzado enormemente en el camino que, quiéralo Dios, algún día nos permitirá llenarnos de orgullo al convertirnos en una estrella más de la amada bandera de USA. Sin la pacatería esa de la soberanía e insertando directamente y sin ambiciones de independencia nuestra economía a la de ellos, vamos por el buen camino. La proactividad que llaman en este caso consiste en ponernos de papaya, así la tengamos que importar.
Debo esta vez reconocer los oficios del gobierno de Santos en esta materia. Y a propósito, me parece chirriadísimo lo del hotel de 7 estrellas en el Parque Tayrona. Cómo me encantaría que en la recepción me recibieran con un coctelito en la mano Jean Claude Bessudo.
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